Los asistentes
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Las comunidades no podrían existir sin toda la gente que viene a compartir su cotidiano con los miembros de El Arca que tienen alguna deficiencia intelectual. Los asistentes vienen de diferentes esferas sociales, países, culturas y se comprometen en El Arca por un año o una vida. Descubra en esta sección la visión de su compromiso y su vida en El Arca.
Cuando llegué a la comunidad de l’Olivier, el 14 de septiembre 2004, tenía sólo una idea en la cabeza: verificar si la orientación profesional por la que estaba optando era la indicada. Pensaba estudiar educación especial pero aún no sabía hacia qué público me iba a dirigir; entonces pensé en las personas con discapacidad y decidí obtener experiencia cerca de ellas.
Después de algunas semanas, y luego de algunos meses de estancia en la comunidad, me doy cuenta de que El Arca es más que una simple escuela que me permitirá prepararme para mi futuro profesional; es una “escuela de vida” que me permite volver a encontrar puntos de referencia para estructurar mi vida y manejar mi autonomía. Desde el principio, tuve que confrontarme con dificultades que no había previsto, como ¡un ritmo cotidiano bastante estructurado! Tuve que volver a aprender a vivir con horarios, aprender a detenerme por cosas que no me parecían esenciales. Con el ritmo más lento de las personas acogidas, ellas, me enseñaron a tomarme el tiempo de sentarme para compartir la comida, para disfrutar el compartir ese momento de convivencia fraternal.
El Arca es también un lugar que me ayuda a crecer y convertirme en adulto, sobre todo por el hecho de tomar una responsabilidad, haberme comprometido con las personas de la comunidad. A pesar de haber realizado actividades humanitarias con anterioridad, me doy cuenta de que el compromiso que adquirí al querer permanecer en el Arca es algo nuevo. Se trata de un compromiso más exigente por la duración y por las responsabilidades que me son confiadas. La vida en la comunidad y la confianza que se me ha brindado me ayudan a madurar.
Igualmente, en El Arca descubro la gran importancia de la oración para nuestra vida comunitaria; con la oración, en la mañana, la noche, en las eucaristías y los tiempos de adoración, es que podemos mantener nuestra unidad. Lo que me resulta curioso es que, durante mucho tiempo, mis padres insistieron en que hiciéramos oración en familia pero, en ese entonces, no me interesaba esa forma de oración pues no entendía el sentido.
Más aún, la vida en mi hogar me ha mostrado la importancia de orar juntos, de convertir la oración individual en oración común. Hoy en día, doy gracias por esta gran familia y esta escuela de vida que me fueron dadas este año; doy gracias por todas las personas que, en algún momento o todavía, me sacan de mis costumbres: por todas las personas que me enseñan que la comunidad es un lugar de unidad, confianza y crecimiento.